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sábado, 23 de abril de 2011

Chiclayo, fotos históricas (Archivo Regional de Lambayeque)













Chiclayo: tras las huellas de su historia

176 AÑOS DE CREACIÓN POLITICA, PERO UNA PASADO MILENARIO (*)
Por Nivardo Córdova Salinas (nivardo.cordova@gmail.com)
“Chiclayo se fundó a la vera de un convento franciscano que antes de ello ya había empezado a divulgar por inmediatas tierras yungas la voz del Evangelio, la fraternidad de sus gentes sin distinción alguna y la necesidad, verdaderamente teológica, de ganar el pan con el sudor de su frente, las tres excelsas señales que han acompañado a esta ciudad a través de su Historia. No parece que haya en todo el Perú otra población con el privilegiado caso de haber nacido junto al amparo humano y la primera asistencia de una Casa de Dios. Es tan singular de advertirlo que, aunque para nosotros sea ininteligible, quizás encierre el porvenir que le aguarda. (…) Así, Chiclayo empezaba a caminar hacia el futuro que la convertiría en la ciudad de más potencia y personalidad en el norte del Perú”. (Jorge Zevallos Quiñones, en “Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX”).
La creación política de la provincia de Chiclayo fue en 1835, pero el origen de esta ciudad es pre-hispánico. Esta semana conmemoramos el 176° aniversario de creación de la provincia de Chiclayo, mediante un decreto dado en Ascope por el General Felipe Santiago Salaverry. Sin embargo, la historia chiclayana viene de más atrás.
El historiador Zevallos Quiñones ha demostrado que la gestación de Chiclayo como ciudad estuvo ligada a la presencia de los primeros misioneros franciscanos que llegaron al Perú en 1532 y especialmente a los habitantes de los antiguos señoríos de Cinto y Collique. En su libro “Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX” (Imprenta Minerva, Lima, 1995) afirma que el Convento de Nuestra Señora de Santa María fue “la capilla bautismal” de Chiclayo. Lamentablemente fue demolida en 1960, ¿para dar paso a una falsa “modernidad”?
Zevallos (también autor de “Lambayeque en el siglo XVII”, “Historia de Saña”, “Huacas y huaqueros en Trujillo”, “Toponimia Chimú”) incluso viajó hasta el Archivo de Indias en España y recorrió todos los archivos del Perú para indagar sobre la historia virreinal y republicana de Chiclayo. Su aporte no ha podido ser superado en minuciosidad y visión histórica del Chiclayo durante el Virreinato y la República.
CHICLAYO DURANTE EL VIRREINATO
Fueron los caciques de Cinto y Collique quienes obsequiaron el terreno para la edificación de un convento franciscano, donación que fue aprobada mediante Real cédula el 17 de septiembre de 1585. Bajo la advocación de «Santa María de la Concepción del Valle de Chiclayo» y la dirección del Padre Fray Antonio de la Concepción, se levantaron la Iglesia Matriz y el Convento Franciscano para evangelizar a los numerosos nativos del lugar. Así nació Chiclayo hacia finales del siglo XVI.
En una entrevista al sacerdote franciscano Fr. Nelson Chanta (Expresión N° 527), se precisa que los actores de esta epopeya histórica fueron el padre Marco de Niza, primer prelado y comisario que llegó al Perú conjuntamente con los frailes Juan de Monzón, Francisco de los Ángeles, Francisco de la Cruz, Francisco de Santa Ana, Pedro Portugués, Alonso de Escarcena y los hermanos legos fraile Mateo de Jumilla y Alonso de Alcañices. Probablemente también estuvieron en Chiclayo los padres Francisco de Marchena y Francisco de Aragón, a quienes con toda justicia se les puede catalogar como los fundadores de Chiclayo.
“En los primeros años de la conquista, los encomenderos de Cinto y Collique Lope de Ayala, Luis de Atienza, Martín de Olarte, Diego de Vega y los herederos de Juan de Barbarán le propusieron al P. Escarcena en 1551 que si traía cuatro frailes ellos les proporcionarían convento y todo lo necesario para la subsistencia para que pudieran dedicarse a tiempo completo a la evangelización de la zona. La propuesta fue alcanzada al Provincial, Fr. Francisco Morales quien hace la petición ante el virrey D. Hurtado de Mendoza, el cual da la provisión al corregidor de Trujillo para que cumpla con lo mandado por el Rey en la cédula de 1555”.
Por su parte, el historiador Martín Cabrejos Fernández señala que en el libro “Los Franciscanos y la fundación de Chiclayo”, de Fray Luís Arroyo (OFM), se refuerza la premisa de que el antiguo Convento de “Santa María” está ligado a la fundación de Chiclayo. “Se puede inferir que resulta imposible explicar el nacimiento y crecimiento de nuestro pueblo sino es a partir de la presencia física de este santuario”.
DOCUMENTOS SOBRE CHICLAYO EN ARCHIVO SAN FRANCISCO DE LIMA
En el Archivo Histórico del Convento de San Francisco de Lima –cuyo director es fray Abel Pacheco Sánchez OFM- existen documentos originales que informan sobre el origen de Chiclayo. El documento más antiguo sobre Chiclayo existente en el Archivo San Francisco de Lima es una provisión de 05 de noviembre de 1572 (Código I, 9 N° 22) emitida por Juan de Hozes (Visitador Grau de Trujillo) que contiene una “Provisión para que se haga la iglesia de Chiclayo” y que también incluye una “provisión del Virrey Toledo.
Otro documento es el I, 9 N°22: una licencia emitida por el Virrey Don García Hurtado de Mendoza a los caciques e indígenas de Sinto (sic), Chiclayo y Collique para hacer la ropa, 600 capuces, y así poder cubrir el acabado de la Iglesia. Un papel de interés es el firmado por el Virrey Fernando de Torres el 15 de septiembre de 1585 “para que los caciques de Cinto y Collique hagan la donación de un sitio para la Iglesia del monasterio franciscano de Chiclayo”. Días después, el 24 de octubre de 1588, se da la “provisión a los franciscanos de Chiclayo de la donación hecha por los caciques de los pueblos de Sinto y Collique del asiento de casa en que tiene fundado dicho monasterio”.
ÉPOCA REPUBLICANA: CREACIÓN DE LA PROVINCIA DE CHICLAYO (1835)
Afirma el historiador Zevallos Quiñones: “Tras la llegada de San Martín al Perú, en Chiclayo la fiebre por la futura patria se apoderó de sus habitantes. Primero en forma improvisada, luego por las erogaciones de dinero, requisa de caballos y reclutamiento; centralizándose la operación en Lambayeque, siendo esta la primera población peruana que proclamara su independencia (17 de diciembre de 1820), siguiéndola Chiclayo el 31 de diciembre de 1820.
Hicieron la proclamación chiclayana: Santiago de Burga, Pedro Balzac, José Navarrete, Cornelio Miranda, Antonio Chimpén, Tiburcio Morante, Antonio Valdivia, Joaquín Farro, José María Diez, Felipe Torres, Valentín Castro y José Gabriel Hudines, certificando el solemne momento el secretario José Antonio Salazar en la casa municipal. 
Sin duda ayudaron también en la consolidación de la independencia del Perú, reforzando al ejército de Bolívar no sólo con hombres, caballos, provisiones de primera necesidad; sino también con grandes sumas de dinero para la caja militar y el ejército libertador. En atención a los grandes servicios prestados en la Guerra de la Independencia, el Congreso designó al pueblo de Chiclayo como distrito de la provincia de Lambayeque y el 12 de Noviembre de 1827 fue declarada como Villa (en razón del visible progreso que había alcanzado), todo esto durante el gobierno de José de la Mar.
Posteriormente aparece vinculada Chiclayo, la interesante figura del general Santiago Felipe de Salaverry, gran amigo de José Leonardo Ortiz, quienes en conjunto lograron la creación de la ciudad de Chiclayo el 15 de Abril de 1835.
Declaratoria de Ciudad
“Cuartel General en Ascope, Abril 15 de 1835. Al Señor Coronel Prefecto del Departamento.
Señor Coronel – Su Excelencia el Jefe Supremo de la República atendiendo los muy distinguidos servicios que la Villa de Chiclayo ha hecho a la cusa de la Independencia, libertad y honor del Perú, se ha servido declararla Ciudad Heroica”.
El 15 de abril de 1835 la Villa de Chiclayo es elevada a la categoría de ciudad por el entonces presidente Gral. Felipe Santiago Salaverry y es reconocida como “Ciudad Heroica”, para días después, el 18 de abril, fue convertida en provincia.
Decreto de creación de la provincia de Chiclayo:
Abril 18 de 1835.
Se crea una provincia denominada Chiclayo, cuya capital será la ciudad de este distrito. Dicha provincia se compondrá de Chiclayo, Picci, Reque, Monsefú, Éten, Zaña, Pueblo Nuevo, Guadalupe, Jequetepeque, Chepén y San Pedro, distritos pertenecientes hasta el día a Lambayeque, Tocmoche, Cachén y Llama que se desmembran de Chota y La Trinidad que se separa de Cajamarca.
Gral. Felipe Santiago Salaverry. Por orden de S.E. José Domingo Espinar”.
EL “MARTIRIO” DE CHICLAYO
Sostiene Zevallos Quiñones: “Chiclayo cumplió un papel muy importante en la disolución de la tan ansiada Confederación Peruano–Boliviana al apoyar incansablemente a Salaverry en su lucha contra Andrés de Santa Cruz (Organizador de Confederación). Para ello se formó el batallón “Chiclayo” comandado por el Coronel José Leonardo Ortiz que detuvo heroicamente el ingreso de Santa Cruz a Arequipa; pero a pesar de ello no pudieron vencer a las fuerzas boliviana, cayendo totalmente en la Batalla de Socabaya”.
Salaverry fue condenado a muerte, siendo fusilado en la Plaza Mayor de Arequipa; mientras José Leonardo Ortiz fue hecho prisionero al destierro a las montañas de Moxos. El final de la guerra produjo como ya se sabe, la confederación Perú–Bolivia. Este nuevo régimen quitó el nombre de “ciudad” a la población de Chiclayo y le devolvió el de “distrito”, sometido otra vez legalmente a la jurisdicción de Lambayeque:
Desde entonces en todo el norte del Perú, Chiclayo se convirtió en el bastión más recio contra la Confederación quienes fueron apoyados por la República de Chile; trayendo abajo este proyecto de gran envergadura. Tras la caída de la confederación (1839), el General Agustín Gamarra fue elegido Presidente Provisional del Perú, quien devolvió a Chiclayo su nominación de Ciudad y Provincia:
“DEVOLUCIÓN” A CHICLAYO DE SU CATEGORÍA DE PROVINCIA
El ciudadano Agustín Gamarra, Gran Mariscal de los Ejércitos Nacionales, presidente provisorio de la República
Considerando:
Que el reposo público y el mejor recaudo de las contribuciones exigen la división de la Provincia de Lambayeque.
Decreto: Art. único. Los pueblos de Chiclayo, Picci, Reque, Monsefú, Eten, Saña, Pueblo Nuevo, Guadalupe, Jequetepeque, Chepén y San Pedro, pertenecientes a la provincia de Lambayeque, quedan separados de ella y formarán una provincia denominada "Chiclayo" cuya capital será la ciudad de este nombre. El Ministro General queda encargado del cumplimiento de este Decreto y de hacerlo imprimir, publicar y circular. Dado en la Casa del Supremo Gobierno en Lima a 22 de Marzo de 1839”.
En el año 1864 vino de subprefecto el coronel José Balta Montero, quien al año siguiente encabezó un pronunciamiento en contra del gobierno, entrando de inmediato a la revolución con el apoyo de todo el pueblo. Por ello fue deportado a Chile. A su regreso a Chiclayo en el año 1867, éste fue recibido con gran júbilo y en conjunto hicieron frente a los ataques gobiernistas de ese entonces Presidente Mariano Ignacio Prado. Durante 26 días los cañones del gobierno se dedicaron a destruir a la ciudad dejándola totalmente devastada, pero nada de esto opacó el entusiasmo combativo del pueblo que peleó incansablemente hasta lograr la victoria. Balta regresó a Lima y fue elegido Presidente del Perú por una abrumadora mayoría, asumiendo el mando el 2 de Agosto de 1867. Durante los tres primeros de los 4 años que duró su gobierno sirvió con justicia y generosidad a la destruida ciudad de Chiclayo: empezó con la construcción de la hermosa Catedral de Chiclayo”.
CHICLAYO: CAPITAL DE LAMBAYEQUE
“Es posible que desde la época de José Leonardo Ortiz cuando Chiclayo era sólo distrito de la provincia de Lambayeque (departamento de La Libertad), las constantes diferencias entre ambos pueblos hubieron hecho nacer en los chiclayanos el vehemente deseo de su propia departamentalización. Esta oportunidad política apareció durante del gobierno de Balta. En Enero de 1968 empezó a discutirse el proyecto; en tanto se decía el nombre, unos querían que el departamento a crear se nombrase “Balta”, otros “Chiclayo” y los más reflexivos “Unión” para acabar con las viejas riñas entre Lambayeque y Chiclayo.
Estando en el gobierno el presidente Manuel Pardo el congreso creó el departamento mediante ley el 1 de diciembre de 1874:
Artículo Único: “Créase un nuevo departamento bajo la denominación de Lambayeque, compuesto de las provincias de Chiclayo y Lambayeque, cuya capital será la ciudad de Chiclayo…”
CHICLAYO DURANTE LA GUERRA CON CHILE
El 4 de abril de 1879, Chile declaró la guerra al Perú y aunque encontró un país pobre en armamento, sumido en las peores condiciones de defensa tanto por mar y por tierra y un estado financiero desastroso; respondieron con gran patriotismo.
Los chiclayanos se volcaron íntegros a dar voluntarios, recursos de primera necesidad y dinero, así como estar presente en las diversas operaciones bélicas.
Tuvieron que hacer frente a la expedición de Patricio Lynch, quien desembarcó en el puerto de Eten el 24 de setiembre de 1880 cometiendo muchas irregularidades como romper puertas de habitaciones, desenredar tiendas e incendiar las residencias de varias familias, tomando todo el dinero posible en circulante o pequeñas joyas femeninas de donde quiera que las veían. Luego ocuparon las haciendas del valle de Chiclayo, sacándole dinero y fuertes cantidades de azúcar y ganado.
Obtuvieron de tan ignominiosa manera un total de 11 673 libras esterlinas. La retirada del ejército chileno del territorio chiclayano se dio el 26 de julio de 1883. En este incidente sobresale también la figura de Alfred Lapoint Recher a quien se le debe la salvación del teatro “2 de Mayo” (iba a ser quemado por los chilenos)”.
Por todo esto y con justicia, Zevallos Quiñones –fuente principal para la elaboración de este artículo- ha dicho que Chiclayo es “la ciudad de más potencia y personalidad en el norte del Perú”.
(*) Artículo publicado en el semanario "Expresión" N° 711-712, en el suplemento especial por el 176° aniversario de creación política de Chiclayo.

viernes, 8 de abril de 2011

“La zona del miedo” es una de las pocas novelas ambientadas Chiclayo


Portada de “La zona del miedo”
(Editorial tatuajes, 2011),
novela ambientada en Chiclayo.

Por: Nivardo Córdova Salinas
nivardo.cordova@gmail.com)
Fotos: Editorial Tatuajes

Una cuarta edición de “La zona del miedo” (Editorial Tatuajes, 2011), del novelista “limeño-chiclayano” Bruno Buendía Sialer, acaba de salir de la imprenta en Lima. Se trata de una de las pocas narraciones ambientadas en tierras lambayecanas  junto con “Puerto Cholo” de Mario Puga, “El daño” de Carlos Camino Calderón y “Rastros sangrantes” de Andrés Díaz Núñez. Conozcamos más sobre este autor que considera a Chiclayo como una ciudad esencial para comprender al Perú.

El escritor peruano Bruno Buendía Sialer (Miraflores, Lima, 1960), autor de la novela “La guerra muerta” ha dejado por un momento su exilio en la norteña ciudad de Chiclayo –a la que lo unen fuertes lazos familiares y existenciales- y se encuentra en Lima, difundiendo esta nueva edición corregida de “La zona del miedo”, relato breve que narra el periplo alucinado y desconcertante de un miraflorino, a pie,  desde el balneario de Pimentel hasta la Huaca Chotuna, donde la leyenda asegura que en tiempos míticos arribó el dios Naymlap desde mares ignotos para fundar el reino de Lambayeque.

“La inexistencia” (Editorial Perla Perú, 1990),
primera novela publicada por Bruno Buendía.
Buendía nos ha citado en la Catedral de Lima para la entrevista. Ingresamos al damero de Pizarro por el jirón Huallaga y a lo lejos divisamos al escritor con un polo negro y “blue jeans”, sentado de espaldas frente al templo. Tras un café en el Portal de Botoneros, decidimos caminar con rumbo a la Iglesia de San Francisco, con cientos de turistas caminando entre las palomas.
“Yo también soy un personaje miraflorino que un día llegó a Chiclayo y se encontró con muchos templos prehispánicos. Chiclayo es una ciudad enclavada sobre un tesoro: donde escarbas descubres una huaca”, expresa.
No le falta razón: tras el retorno esplendoroso de los señores de Sipán, Sicán y Úcupe, una misión arqueológica está excavando ahora en la Huaca Chotuna, y ha encontrado decoración mural policromada y varios “tumis” de cobre dorado. Con estos cuchillos ceremoniales se presume que practicaban ceremonias de sacrificios humanos, tal como se aprecia en la iconografía.
Pero Bruce, el personaje de “La zona del miedo” (novela cuya primera edición se realizó en el año 2000) se pierde en medio de la neblina, tras haber sido intervenido por un policía borracho y después de un encuentro muy extraño y casual con una mujer de la noche.
En efecto, Bruno Buendía es un alter ego de Bruce, y como él, anda buscando algo que todavía no encuentra. Antes de venir a Lima desde el norte, el novelista viajó hasta el Cuzco, siempre pensando en el país. De todas formas, considera que, tal como en Chiclayo, en Cusco tampoco saben qué hacer para entrar en la modernidad.
“No sé qué diablos pretendían lograr cuando buscaban firmas para nombrar a Machu Picchu como nueva maravilla del mundo, cuando en realidad los cusqueños lo que deben pedir que haya un aeropuerto internacional, que se quede allá el gas de Camisea y que la Universidad de Yale devuelva todo lo que Hiram Bingham se llevó de Machu Picchu”, afirma.
Durante el dialogo, ahora ya caminando sobre la Plaza Mayor, observamos a un grupo de mujeres danzantes de “saya boliviana”, ataviadas con leves minifaldas de color marrón y bordados dorados, caminando entre toldos de lona y puestos de artesanía.
“Creo que están burdeleando a Lima, inventando una Lima de maqueta que no existe. Es cierto que el Perú es andino, pero ¿La saya boliviana acaso es limeña?”, sentencia con voz grave.
Volvemos a la entrevista. “¿La reedición de La zona del miedo es una suerte de obsesión personal?”, le preguntamos.
-Es posible. Zonas del miedo las tenemos todos. Tenemos miedo hasta de nosotros mismos, a veces más que de la propia vida. Creo que mi novela “La zona...” puede tener una segunda parte. En esa segunda parte, el personaje tendría que ser un extravagante que trata de buscar una cátedra de arqueología para Lambayeque...”, dice riéndose, refiriéndose al hecho de que a pesar de todos los vestigios prehispánicos que existen en esa región, los arqueólogos chiclayanos que las estudian se forman académicamente sólo en Trujillo o Lima.
“Chiclayo es la arteria aorta del país. El día en que hagan un paro regional, en Lima dejarían de comer el treinta por ciento de la población”, asegura, como proyectándose a la marcha de sacrificio que alistan los trabajadores azucareros de Pomalca, Tumán y Cayaltí.
Bruno Buendía Sialer, novelista
limeño de raíces chiclayanas.
Buendía está convencido que hay dos literaturas peruanas en la actualidad. Una que mira obstinadamente hacia fuera, que quiera ser exitosa a toda costa, y que está anclada en la universidad, y otra literatura que se hace fuera de este ámbito, con otras pretensiones.
“Creo que la universidad es importante, pero no se necesita ir a la universidad para escribir un libro. No es determinante. Cervantes o Kerouac no necesitaron ir a la universidad para aprender cómo se hace una novela. Pero en este país tenemos esa herencia del doctorismo español”, afirma.
Recuerda que, siendo niño, su madre le obsequió un ejemplar de El Quijote. El pequeño Bruno, emocionado, mostró el obsequió a su padre, Felipe Buendía del Coral, quien fue poeta, pintor, músico, actor de cine y periodista, y que en la década del cincuenta tuvo una permanente actividad en la vida cultural de Lima, muy conocido por su cuento fantástico “El baúl”.
Don Felipe Buendía –al igual que amigo el pintor Sérvulo Gutiérrez- transitó por estos predios convencido de que sólo la creación artística justificaría su existencia.
“Yo le dije a mi padre que con ese libro iría a la universidad a ser escritor. Y él me dijo: no es necesario. Me quedé con estas palabras, así que he vivido todos estos años tratando de superar a mi padre”, expresa. A modo de homenaje “in memoriam” planea reeditar la obra completa de su papá, incluyendo su obra cuentística y “La canción de Lima” con el ingenioso título de “Amilima”.
Antes de despedirnos, recuerda a su madre: doña Perla Sialer, dama chiclayana, quien es una de sus lectoras “críticas”. Bruno comenta sobre el proyecto de hacer una versión cinematográfica de “La zona del miedo”. “Estoy esperando un realizador independiente y un guionista que puedan llevar a la pantalla la pequeña odisea de Bruce”, dice.
Una pregunta infaltable: “¿Cómo ves la cultura peruana actual?”
- “El problema es que no hay nadie que piense el Perú. Hasta ahora no ha aparecido un intelectual que pueda superar a Mariátegui”.
Luego nos despedimos y Bruno Buendía se pierde con dirección desconocida por las calles de Lima.

"LA ZONA DEL MIEDO": APROXIMACIONES CRÍTICAS
"La zona del miedo trae un fresco aporte a la narrativa existencialista en el Perú.  Si tiene un antecedente en la literatura nacional ha de ser el poema `Va corriendo, va andando...´ de César Vallejo, que representa la vida como una pesadilla en la que el hombre vive huyendo por un mal que lo acosa por todos lados.
La existencia del protagonista sigue una rutina obsesivamente planificada y ordenada, pero en momentos de descuido incursiona en terrenos desconocidos donde queda presa de un terror inexplicable al sentirse perseguido por una fuerza siniestra.
La atmósfera de misterio que envuelve la novela permite lecturas alternativas, porque si bien el protagonista está convencido que está confrontando una realidad elemental ubicada al margen de la vida normal, la larga descripción de sus obsesiones personales sugiere que igualmente podrá ser una exteriorización de sus propios complejos" (James Higgins, Universidad de Liverpool, Inglaterra).

"El vallejista británico james Higgins encuentra que la novela de Bruno Buendía Sialer tiene como un antecedente en la literatura peruana `Va corriendo..." suscrito por Vallejo en París el 18 de septiembre de 1937, transcurridos 14 meses del inicio de la guerra civil, poema marcadamente existencial.
La novela de Buendía, que ordena luz a las lóbregas oscuridades, salió de la imprenta ¿por coincidencia? a mediados del tormentoso noviembre de 2000, pero fue escrita un par de años antes, de manera que está de algún modo ligada a hitos singulares del mismo.
La novela transcurre en Miraflores, Chiclayo y la playa de Pimentel, espacios geográficos que con la pátina que el autor le imprime, sirven para ser visible, objetivándolo, el universo interior y las torturantes obsesiones de Bruce. Buendía Sialer logra una numerosa expresión de los pasajes y de las cosas en objetos domésticos que lo rodean o lo aplastan, crinografía que en el fondo es la manifestación de sí mismo, de su alienación en un mundo cuyo sistema oprime la esencia de lo humano, entre desiertos y alambradas de terror y muerte. La zona del miedo como novela pertenece al ámbito de la narrativa existencial con antecedente peruano ya señalado por Higgins, aunque se reconocería en las obras de Sartre o Camus, a no ser porque en los espacios de la novela de Buendía Sialer la soledad es más profunda y aguda. Apenas hay un eventual interlocutor, el hombre que cada amanecer deja la bolsa de pan en el umbral de la vivienda de Bruce. No en vano Julia Kristeva registró hace pocos años que el mundo actual es una aglomeración de soledades. Auténtica y conmovedora, La zona del miedo termina envolviéndonos en su inquietante atmósfera, porque Bruce al transferirnos sus estremecedoras vivencias, en muchos modos, expresa al hombre contemporáneo en general" (Manuel Miguel de Priego, diario "El peruano", Perú).